Una mínima parte, un poco de agua dulce dividiéndose infinitas veces, multiplicando un nombre que aprenderá a escribir en la arena húmeda.
Gritará tu nombre sólo por gritar, desordenará tu vida, sólo por una mirada tuya, por una caricia o un reto pegajoso.
Llorará por el pelo de su muñeca mal cortado, por el sueño, el hambre.
Llorará por darse cuenta que pierde el paraíso de su infancia, que el seno que calma su llanto es finito y pasajero.
Mirará por la ventana, ya corriéndose el pelo de la cara y volverá a garabatear gotitas al piano, volverá a rayar la hoja o la pared, dibujando tus ojos en los de algún precario y sencillo osito marrón.