miércoles, 9 de junio de 2010

Apertura

[...] Entonces el puente, claro. ¿Cómo tender el puente, y en qué medida va a servir de algo tenderlo? La praxis intelectual (sic) de los socialismos estancados exige puente total; yo escribo y el lector lee, es decir que se da por supuesto que yo escribo y tiendo el puente a un nivel legible. ¿Y si no soy legible, viejo, si no hay lector y ergo no hay puente? Porque un puente, aunque se tenga el deseo de tenderlo y toda obra sea un puente hacia y desde algo, no es verdaderamente puente mientras los hombres no lo crucen. Un puente es un hombre cruzando un puente, che.

Una de las soluciones: poner un piano en ese puente, y entonces habrá cruce. La otra: tender de todas maneras el puente y dejarlo ahí; de esa niña que mama en brazos de su madre echará a andar algún día una mujer que cruzará sola el puente, llevando a lo mejor en brazos a una niña que mama de su pecho. Y ya no hará falta un piano, lo mismo habrá puente, habrá gente cruzándolo. Pero andá a decirle eso a tanto satisfecho ingeniero de puentes y caminos y planes quinquenales.

(El libro de Manuel, Julio Cortázar)


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Julio Cortázar escribe esto y me pregunto si era un extraterrestre, un visionario, simplemente un hombre inteligente... ¿O qué?
Era por cierto, creo yo, un hombre extraordinario. Un hombre que tuvo los ojos para ver y describir y decir y hacer, una retórica inigualable, una crítica incisiva y la insostenible vocación de "contar".

Abrimos el puente entonces con él (con quién si no) a este blog.

Boris.



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