Tropezó y un sonido seco, como un metal sobre otro, se desprendió mientras se levantaba lentamente. Sacudió un poco su ropa y continuó caminando por la acera casi muerta. Antes del golpe salía de un bar. Había bebido un té y un vaso con agua. Venía de su casa, una casa pequeña, ordenada, sencilla y limpia. Antes de salir ordenó unos papeles y fumó un cigarrillo que apagó por la mitad. Leyó alguna página del libro, lo dejó sobre la mesa, al igual que los lentes, llevando su mano a la cara, acariciando con fuerza sus ojos, luego su barbilla y un bostezo y otro. Bisturí. Unos minutos antes sonó el teléfono. Rápido, rápido, decía la voz. Colgó. Antes del timbre observaba algunas fotos de su hija menor. Recordaba el parque, los paseos en auto, el helado derretido, la bicicleta azul, la plaza y el rompecabezas pero antes de llegar a su casa caminaba por la calle uno, dos, tres, nada, uno, dos, tres, nada, se detuvo en el semáforo. Pip, pip. Un auto arrebatado dobló en un segundo todo, pasó, por sus ojos que no alcanzaban a ver y oyó un sonido agudo y constante. Un choque y seguido de otro, producto quizás del primero: era la esquina del hospital. Sí, venía del hospital, habitación doscientos tres. Previamente allí tendido, la camilla blanca, las luces, los médicos, sin más. Sin más que hacer. ¿Hora? Veintidós quince. Se sacaba los guantes.
Los médicos lo declaraban muerto por insuficiencia cardíaca.

Un minuto antes by Martín Adrián Frangul is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
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