domingo, 17 de julio de 2011
My life without me (opening voiceover monologue)
sábado, 16 de julio de 2011
Encargo
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No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que
vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino, naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni
guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.
Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.
(Julio Cortázar)
martes, 5 de julio de 2011
Extracto de London
“Por otro lado, tal vez porque adivinaba en Buck un rival peligroso, Spitz no perdía ninguna ocasión de mostrarle los dientes. Incluso se desviaba del camino para amedrentarlo, esforzándose constantemente para empezar una pelea que sólo podía terminar con la muerte de uno o de otro. Podría haber ocurrido no bien emprendieron el viaje si no hubiera sido por un accidente involuntario. Al final de una jornada habían levantado un helado y mísero campamento en la costa del lago Le Barge. Un viento que cortaba como un cuchillo de acero y arrastraba nieve, y la oscuridad, los habían forzado a encontrar a tientas un lugar donde acampar. Que no podía haber sido peor. A sus espaldas se levantaba una pared vertical de piedra y Perrault y François se vieron obligados a hacer el fuego y desplegar sus mantas de dormir sobre el hielo del lago mismo. Habían dejado la carpa en Dyea para viajar más livianos. Unos pocos pedazos de leña les proveyeron de un fuego que se apagó al derretirse el hielo y los dejó cenando en la oscuridad”
Jack London, El llamado de lo salvaje (p. 31-32; Aterramar)
On the other hand, possibly because he divined in Buck a dangerous rival, Spitz never lost an opportunity of showing his teeth. He even went out of his way to bully Buck, striving constantly to start the fight which could end only in the death of one or the other.
Early in the trip this might have taken place had it not been for an unwonted accident. At the end of this day they made a bleak and miserable camp on the shore of Lake Le Barge. Driving snow, a wind that cut like a white-hot knife, and darkness, had forced them to grope for a camping place. They could hardly have fared worse. At their backs rose a perpendicular wall of rock, and Perrault and Francois were compelled to make their fire and spread their sleeping robes on the ice of the lake itself. The tent they had discarded at Yea in order to travel light. A few sticks of driftwood furnished them with a fire that thawed down through the ice and left them to eat supper in the dark.
Jack London, The call of the wild (Chapter 3)