Mostrando entradas con la etiqueta poema. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poema. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de enero de 2015

A otro gato

Tormetas atrás, como el de Hemingway
Pelo aplastado, carita de susto
Bichos comida, como caviar

Esperando a que pase,
Esperando a que pase el gigante
Esperando a que pase el gigante y la lluvia

Y de tanto tener que: pudo
Supo, se animó y le salió bien.

Hoy olisquea, cada huequito:
todo es nuevo, todo es seguro
y en el revoleo tiene ahora

otro gigante
otro peludo
otro que hoy recuperó

a fuerza de bufidos y desconfianza
esa curiosidad
ese olisqueo antiguo
ese interés
por el otro

otro enano
otro peludo
otro que hoy descontrola el mundo obsesivamente ordenado dando sentido al asunto
como la futura mariposa desgarra la cálida tela, para aletear libre hacia el caos.






Licencia Creative Commons
A otro gato por Boris Findell se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

viernes, 24 de agosto de 2012

Elegía



En Orihuela, su pueblo y el mío, se me
ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con
quien tanto quería.

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera;
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y en tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata le requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández

domingo, 1 de abril de 2012

Hiram


Dueño de sí mismo,
buscando su manta
blanca, roída,
bajo el techo que se elige
y la mano que acaricia.

Sin exigir buenas costumbres,

los dedos desordenan
el pelaje deparejo
al compás de algún gemido
reprimido y austero.

Rasca con sus garras,
sufre y espera,
con paciencia en esta puerta,
que lo nombra como a un niño
y no como a un autor de otra tierra.


Y si tanto hogar
tranquilo y silencioso,
abruma su consciencia,
vuelve a su vieja manta
bajo una luna de hueso.

Más allá de su inocencia,
y sin moral a la que atarse,
elige cada día
entre su manta fría
y su libertad.

Y así cumple con su deber
así es fiel a su dueño,
y a sí mismo
se regala una caricia,
sin postergar el placer

De vivir libre el sueño que ha descubierto.
Licencia Creative Commons
Hiram por Boris Findell se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 2.5 Argentina.

sábado, 16 de julio de 2011

Encargo

______________________________________________________


No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que
vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino, naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni
guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.

Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.


(Julio Cortázar)