Dueño de sí mismo,
buscando su manta
blanca, roída,
bajo el techo que se elige
y la mano que acaricia.
Sin exigir buenas costumbres,
los dedos desordenan
el pelaje deparejo
al compás de algún gemido
reprimido y austero.
Rasca con sus garras,
sufre y espera,
con paciencia en esta puerta,
que lo nombra como a un niño
y no como a un autor de otra tierra.
Y si tanto hogar
tranquilo y silencioso,
abruma su consciencia,
vuelve a su vieja manta
bajo una luna de hueso.
Más allá de su inocencia,
y sin moral a la que atarse,
elige cada día
entre su manta fría
y su libertad.
Y así cumple con su deber
así es fiel a su dueño,
y a sí mismo
se regala una caricia,
sin postergar el placer
De vivir libre el sueño que ha descubierto.

Hiram por Boris Findell se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 2.5 Argentina.