"Pero la fuerza del nuevo movimiento monástico occidental se debió no sólo a su éxito entre los reyes y nobles del reino bárbaro, sino que también tuvo poder entre los campesinos, y así pudo introducir la cultura cristiana en el corazón de la sociedad rural. El monasterio era una institución separable del orden urbano del bajo Imperio, capaz de convertirse en el centro espiritual y económico de la sociedad puramente rural. Por su santificación del trabajo y la pobreza, revolucionó a la vez el orden de los valores sociales que había dominado la sociedad esclavista del Imperio y que se había expresado en el ethos guerrero aristocrático de los conquistadores bárbaros; de modo que el campesino, que por tanto tiempo había sido el soporte de toda la estructura social, vio su forma de vida reconocida y honrada, por la más alta autoridad espiritual de la época."
DAWSON, Christopher. La religión y el origen de la cultura occidental, Madrid: Ediciones Encuentro, 2010. p. 60, 61.
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