lunes, 26 de septiembre de 2011

Ballet


El pie en el aire, elevando la punta hacia arriba, el rostro firme, el rostro era el pie y la mano delicada compensando el movimiento, el giro de los bronces, la entreverada insolencia del piano. El pie arrastrando la punta por el suelo, deslizando lo que las cuerdas dejan en un remoto pianissimo. Era el cuerpo el que hablaba, era la orquesta la que acompañaba y movía con sutiles hilos manos, pies, bocas, ojos, cabeza y hombros. Los zapatitos erguidos, la ingravidez, la soberbia del talón. Pero la tristeza del movimiento pintaba los ojos del teatro, llenaba de vigor las palmas de las manos que chocaban desordenadamente, gestando el caos necesario para combatir tanta armonía.





Boris Findell


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jueves, 22 de septiembre de 2011

¿Quién crea las leyes?





Tan tonta es la gente... Hay que admitir que no lo tienen difícil...
Porque si no sos tonto, sos miedoso... Y si sos las dos cosas, sos católico.
Y si le agregás violencia, tenés otras religiones aún peores.

Despacio, pero se van a extinguir como los nobles y sacerdotes de la edad media, manga de asesinos.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Las últimas hojas

     Casi de un brinco, gira y va cayendo una hoja. La ciudad por debajo se ve pequeña, revoltosa. Se rinde al vaivén casi interminable, la luz hace que se ilumine y se tueste de un lado y del otro, gira y nace nuevamente. Sabe que es el final, sabe que cada bocanada de aire que la eleva violentamente es un suspiro de agonía frente a la muerte infranqueable. El viento cesa de golpe y se desliza por el aire como un ave planeando en picada. Suavemente se va entregando a la dulzura de ser parte de ese aire mudo y remolón. Una nueva brisa, un nuevo planeo. Espera el limbo ansioso y los nervios sucumben al entrar en el trayecto final. El ruido ya no se soporta, no hay fuerzas ni oxígeno. Un leve ardor va carcomiendo el haz, luego el contorno y el envés. La hoja se va marchitando a una velocidad extraordinaria; la vida es cada vez más gris, más inconsistente. Unos metros antes de llegar al suelo ocurre lo de siempre: un pequeño rocío de cenizas cae sobre la ciudad y su gente enmascarada, formando parte del manto árido que la recubre.





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Las últimas hojas por Martín Adrián Frangul se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.