martes, 31 de julio de 2012

El diario a diario



"Un señor toma el tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de plaza. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que un muchacho lo ve, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego se lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis."



J. Cortázar

jueves, 14 de junio de 2012

Confesiones del viento


El viento me confió cosas
que siempre llevo conmigo,
me dijo que recordaba
un barrilete y tres niños,
que el sauce estaba muy débil,
que en realidad él no quiso,
que fue uno de esos días
que todo es un estropicio.

Me dijo que los pichones
a veces de apresurados
caen al suelo indefensos
y él no consigue evitarlo.
Me habló de arenas de agosto,
de cartas de enamorados,
del humo en las chimeneas,
del fuego abrazando el árbol.

Iba quebrado de culpas
y seguía confesando.
En su lomo de distancias
no cabalgaba ni un pájaro.
Era un fantasma ese viento,
un alma en pena penando
y en ese telar de angustias
tejió sus babas el diablo.

Me dijo que recordaba
que en realidad él no quiso.
un barrilete y dos niños.
Me habló de arenas al cielo
y chimeneas al piso,
de cartas de enamorados,
que todo es un estropicio.

Era un fantasma ese viento,
tejió sus babas el diablo,
iba quebrado de culpas
y no consigue evitarlo.
En ese telar de angustias
el fuego abrazando el árbol,
el sauce estaba muy débil
y seguía confesando.

Le pregunté por las chapas
del techo de los de abajo
dijo: “el hombre ha de luchar
para conseguir los clavos
en vez de hincarse a rezar
para olvidar sus quebrantos
o de sentarse a esperar
regalos eleccionarios”.

Me sorprendió la respuesta
pero no quise atajarlo,
pues cuando lleva razón
vaya, ¡quién quiere pararlo!

El viento me confió cosas
que siempre llevo conmigo,
que siempre llevo conmigo.

                                                    Letra: Roberto Yacomuzzi

viernes, 25 de mayo de 2012

Huxley: Pionero del pensamiento agnóstico





"Yo no afirmo ni niego la inmortalidad del hombre. No veo razón para creer en ella pero tampoco tengo ningún medio para desaprobarla. No tengo objeciones a priori a esa doctrina. Nadie que tenga que lidiar día a día con la naturaleza puede meterse en el brete de las dificultades a priori. Dame alguna evidencia que justifique mi creencia en cualquier cosa y yo creeré. ¿Y cómo no habría de creer? No sería más maravilloso que la conservación de la energía o la indestructibilidad de la materia. [...] No tiene sentido que me hables de analogías y probabilidades. Yo sé a qué me refiero cuando digo que creo en la ley de los cuadrados inversos, y no basaré mi vida y mis esperanzas en alguna convicción más débil."


T. H. Huxley, en carta a Charles Kingsley del 23 de septiembre de 1860

miércoles, 2 de mayo de 2012

Acerca del Cristianismo y sus orígenes

"(...) la victoria de la cristiandad señala una ruptura con el pasado y un cambio de actitud del pensamiento humano. Los hombres estaban cansados y no querían seguir buscando. Se volcaron con avidez hacia un credo que prometía calmar la mente atormentada, que podía dar certeza en lugar de duda, una solución final para una multitud de problemas, teología en vez de ciencia y lógica. Incapaces de seguir su propia vida interior y, además sin voluntad de hacerlo, estaban dispuestos a entregar el control a un ser superior, incomparable con ellos. La razón no daba ni prometía la felicidad al hombre, pero la religión, en especial la cristiana, aseguraba al hombre la felicidad más allá de la tumba. Así, el centro de gravedad se desplazó y las esperanzas y deseos de los hombres se transfirieron a esa vida futura. Estaban satisfechos con someterse y sufrir en este mundo, para encontrar la verdadera vida en el más allá. Tal actitud mental era enteramente extraña para el mundo antiguo, incluso para las primeras naciones de Oriente, para no hablar de Grecia y Roma. Para un griego, la vida futura era algo sombrío y temible; para él sólo contaba la vida terrena. Pero ahora todo había cambiado en forma radical y este cambio de sentimientos, más que ninguna otra cosa, prueba que el comienzo del siglo IV es una página absolutamente nueva en la historia de la humanidad, y una página que trata de un tema extraño."



Rostovtzeff, Michael, "Roma, de los orígenes a la última crisis", Buenos Aires: EUDEBA, 1984, (p. 246-247)

domingo, 1 de abril de 2012

Hiram


Dueño de sí mismo,
buscando su manta
blanca, roída,
bajo el techo que se elige
y la mano que acaricia.

Sin exigir buenas costumbres,

los dedos desordenan
el pelaje deparejo
al compás de algún gemido
reprimido y austero.

Rasca con sus garras,
sufre y espera,
con paciencia en esta puerta,
que lo nombra como a un niño
y no como a un autor de otra tierra.


Y si tanto hogar
tranquilo y silencioso,
abruma su consciencia,
vuelve a su vieja manta
bajo una luna de hueso.

Más allá de su inocencia,
y sin moral a la que atarse,
elige cada día
entre su manta fría
y su libertad.

Y así cumple con su deber
así es fiel a su dueño,
y a sí mismo
se regala una caricia,
sin postergar el placer

De vivir libre el sueño que ha descubierto.
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Hiram por Boris Findell se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 2.5 Argentina.