lunes, 22 de octubre de 2012

La historia muestra el engaño






"Pero la fuerza del nuevo movimiento monástico occidental se debió no sólo a su éxito entre los reyes y nobles del reino bárbaro, sino que también tuvo poder entre los campesinos, y así pudo introducir la cultura cristiana en el corazón de la sociedad rural. El monasterio era una institución separable del orden urbano del bajo Imperio, capaz de convertirse en el centro espiritual y económico de la sociedad puramente rural. Por su santificación del trabajo y la pobreza, revolucionó a la vez el orden de los valores sociales que había dominado la sociedad esclavista del Imperio y que se había expresado en el ethos guerrero aristocrático de los conquistadores bárbaros; de modo que el campesino, que por tanto tiempo había sido el soporte de toda la estructura social, vio su forma de vida reconocida y honrada, por la más alta autoridad espiritual de la época."

      DAWSON, Christopher. La religión y el origen de la cultura occidental, Madrid: Ediciones Encuentro, 2010. p. 60, 61.

Sobre héroes y tumbas





"Martín se sentó en el borde de la cama y la contempló: a la luz de la luna podía escrutar
su rostro agitado por la otra tempestad, la de ella, la que él nunca (pero nunca) conocería.
Como si en medio de excrementos y barro, entre tinieblas, hubiese una rosa blanca y
delicada."

                                        SÁBATO, Ernesto. Sobre héroes y tumbas, Buenos Aires: Grupo Editorial Planeta, 2001. p. 126.




sábado, 25 de agosto de 2012

Oralidad y escritura



"Considerar la tradición oral o una herencia de representación, géneros y estilos orales como 'literatura oral' es algo parecido a pensar en los caballos como automóviles sin ruedas." (Walter Ong)



ONG, Walter. Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2011. p 21.

viernes, 24 de agosto de 2012

Elegía



En Orihuela, su pueblo y el mío, se me
ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con
quien tanto quería.

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera;
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y en tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata le requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández

martes, 31 de julio de 2012

El diario a diario



"Un señor toma el tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de plaza. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que un muchacho lo ve, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego se lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis."



J. Cortázar